En Cine Arte Cacodelphia (Av. Diagonal Norte 1150). en la sala 2 con funciones a las 17h – 19:30h – 22h, se estrena el 20 de julio la película «Asuntos de Divan», que llega precedida de excelente crítica.
Selma es psicoanalista y, tras volver a su Túnez natal para abrir un consultorio, se encuentra con que va a tratar con una variopinta lista de pacientes.
REPARTO
Golshifteh Farahani, Majd Mastoura, Aïcha Ben Miled, Feriel Chamari, Hichem Yacoubi, Najoua Zouhair, Jamel Sassi, Ramla Ayari.
FICHA TÉCNICA
Título: Asuntos de Diván
Título original: Un divan á Tunis (Arab Blues)
Dirección y Guión: Manele Labidi
Asistente de Dirección: Guillaume Huin
Producción: Thomas Paturel – Jean-Christophe Reymond
Post-producción: Bénédicte Pollet-Baronian
Música: Flemming Nordkrog
Fotografía: Laurent Brunet
Sonido: Olivier Dandré, Jérôme Gonthier, Rym Debbarh-Mounir, Samuel Aïchoun
Montaje: Yorgos Lamprinos
Escenografía: Mila Preli, Raouf Helioui
Vestuario: Hyat Luszpinski
Año: 2020
Duración: 88 min.
Género: Comedia Dramática
País: Francia
Distribuye: Impacto Cine

FRAGMENTO DE ENTREVISTA CON LA DIRECTORA
“Asuntos de Diván” es tu primer largometraje. Antes, habías trabajado en otras áreas. ¿Qué te impulsó a hacer esta película?
El cine siempre ha formado parte de mi vida. Las imágenes, los actores, las historias y la energía que hay en una sala de cine siempre han tenido un efecto casi místico en mí. Pero la idea de hacer una carrera en el cine surgió más tarde. Crecí en una familia modesta de inmigrantes tunecinos, muy alejados del mundo del cine y de la cultura en general. Cuando era joven, elegir una carrera artística representaba una transgresión considerable que fui incapaz de hacer. Así que estudié carreras «más seguras» como ciencias políticas y economía, y conseguí un trabajo fantástico en un gran banco. Una vez que taché esas cosas en mi lista de objetivos y tras haber disipado la ansiedad e inseguridad en el plano económico, sentí un gran vacío. Empecé a escribir otra vez y recuperé textos antiguos y esquemas de guiones en los que había trabajado durante mis estudios. Sentí la necesidad imperiosa de hacer cine. Lo dejé todo y empecé de cero. (Aunque más tarde me di cuenta de que nunca empiezas de cero; todas las experiencias son útiles en algún momento). Empecé a estudiar cine de forma autodidacta. Me sumergí en cientos de libros, contacté con personas que estaban conectadas de manera directa o remota con el cine, probé cosas con mi pequeña cámara; Y escribí muchísimo. Descubrí el trabajo de los actores a través de la actriz francesa Isabelle Carré, a quien tuve la suerte de ayudar durante unos meses cuando dirigía una obra que yo había adaptado para el teatro. Fue una revelación. Comprendí que dirigir actores sería la parte fundamental de mi trabajo.

En tu película no hablas del choque Oriente/Occidente. ¿Por qué no?
La psicoterapia y el psicoanálisis siguen siendo marginales y de difícil acceso en Túnez, pero no creo que se deba solo a una profunda resistencia religiosa o cultural. Esos son factores, pero desconfío de las teorías esencialistas sobre el mundo árabe-musulmán. La resistencia a estas disciplinas también se produce en el mundo occidental. No tenía ganas de tomar el camino más fácil, él de «un extranjero que viene a predicar la buena nueva a una población ingenua y sin educación». La realidad no es así. La demanda de psicoterapia ha aumentado entre las clases medias y altas desde la revolución, por lo que decantarse por el cliché de una psiquiatra occidentalizada enfrentada a una población atrasada habría sido trivial e injusto. Quería centrarme en el plan osado de una mujer joven que abre un consultorio en un país en crisis, sumido en una reconstrucción social, política, económica y administrativa.
Este tipo de temas suelen tratarse con un sesgo dramático. ¿La comedia te permitió abordarlos de forma más directa?
De hecho, los acontecimientos de las últimas décadas nos han reducido al terrorismo, al islamismo, a las figuras masculinas represivas y a las figuras femeninas oprimidas. Quería utilizar las herramientas de la comedia para romper ese patrón y plantear una visión diferente. La comedia nos permite tratar temas serios implícitamente de una manera elegante y más distante. Eso me dio mucha libertad. Además, el humor es una parte inseparable de la cultura tunecina. No habría sido fiel a la energía que desprende el país si no lo hubiera tratado en la película.

¿Te atrae la comedia como género? ¿Alguna película te ha influenciado en particular a la hora de hacer “Asuntos de Diván”?
Me encanta el género de la comedia. Es muy exigente, tanto a la hora de escribir como en los tiempos. De hecho, el ritmo se parece mucho a una partitura musical. También es difícil de dirigir. Quería que la dirección fuera sutil para que las situaciones y los actores pudieran sobresalir. Las comedias italianas de los años 60 y 70 fueron una referencia importante, ya que abordan temas sociales y políticos a través de la lente del humor y la sátira. Comedias como ‘Le Pigeon’, ‘Matrimonio a la italiana’ y ‘Feos, sucios y malos’ desprenden una histeria, una vitalidad, una osadía que se mezclan siempre con poesía y humanidad. Me impactaron muchísimo y fueron una especie de puente metafórico que me acercaba a mi cultura árabe-mediterránea. La elección de la música de ‘Arab Blues’ fue totalmente deliberada, sobre todo la cantante Mina que abre y cierra la película.

SOBRE LA DIRECTORA
Nacida en 1982,
Manele Labidi es una guionista y directora franco-tunecina. Estudió Ciencias Políticas y Económicas y trabajó en el mundo de las finanzas durante unos años antes de dedicarse al cine. Ha participado en diversos proyectos de escritura y dirección para teatro, radio y series de televisión. Su primer cortometraje, “
A Room of my Own”, es una variación tragicómica en torno al ensayo de Virginia Woolf. En 2016, participó en un programa de escritura de guiones en la FEMIS de París.
“Asuntos de Diván” es su primer largometraje.
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