El jueves 27 de noviembre en el cine Gaumont, la sala Hugo del Carril (Córdoba) y otras pantallas del país se estrenó Ángeles, cuarto largometraje de Paula Markovitch (El premio, El actor principal y Cuadros en la oscuridad), un relato cargado de vitalidad, que construye tres personajes de identidades poderosas a las que el entorno rodea pero no define, en los que conviven la rabia, la alegría, el dolor y la hermandad.
En sus obras, Markovitch explora las contradicciones de la condición humana; personajes misteriosos y salvajes. Ángeles propone un acercamiento particular a la infancia, tomando a las niñas como seres complejos y multidimensionales.
Sinopsis
Ángeles, una niña de catorce años, dulce y furiosa, vende golosinas en la calle junto con su pequeña hermana. David, de cincuenta y tantos, trabaja en un estacionamiento.
Ambos conversan y toman el fresco en los autos estacionados. Una tarde David le confiesa a Ángeles su intención de acabar con su propia vida. En lugar de disuadirlo, Ángeles decide ayudar a su amigo.
Dice Paula Markovitch sobre esta película: «Ángeles, Isabela y David, pasan tres días juntos. Se despiden. Y el dolor los vuelve invencibles. Son seres marginales, él cuida un estacionamiento, las niñas venden caramelos. Pero son personajes que no se dejan compadecer. Considero que la alegría es revolucionaria. Es curioso observar que en muchos films contemporáneos, los personajes ‘pobres’ no se divierten. (…) He podido experimentar que cuanto más adversas son las condiciones de la existencia, más se aferra el alma a la momentánea felicidad. Después de todo, la muerte y el amor son democráticos. Hay pasión en todas partes y todos nos morimos.
(…) Para crear esta obra trabajé en torno a intensas improvisaciones con los actores. La profundidad de Ángeles Pradal, el desenfado de la bella Isabella Ramírez. La humanidad de Abian Vainstein. También en la puesta en escena experimenté con las bendiciones del azar.» Ver texto completo